Apkallu o Abgal. Los Siete Sabios Legendarios

Los Apkallu: El Misterio de los Siete Sabios de Mesopotamia

Antes de que las civilizaciones dejaran registros escritos de su propio origen, ya existía una pregunta latente: ¿de dónde surge el conocimiento que permite transformar la supervivencia en cultura? Para los pueblos antiguos, la respuesta rara vez fue sencilla. El saber no nacía de la nada ni pertenecía del todo al ser humano; parecía venir de un lugar más profundo, más antiguo, casi ajeno.

En Mesopotamia, una de las cunas de la civilización, esta inquietud tomó forma en relatos donde el orden, la ley y las artes no fueron invenciones espontáneas, sino enseñanzas transmitidas. La idea de que el conocimiento debía ser entregado —y no simplemente descubierto— atraviesa muchos de sus mitos y revela una visión particular del progreso humano: una civilización guiada, no autónoma. Es en ese marco donde aparecen unas figuras enigmáticas, asociadas al agua, a la sabiduría y a los orígenes mismos del mundo organizado.

Escena en relieve de un antiguo palacio asirio inspirado en el arte neoasirio, que muestra figuras monumentales de guardianes y paneles narrativos de piedra a lo largo de un muro ceremonial.

El misterio de los maestros del abismo

¿Es la civilización un logro puramente humano o el resultado de una chispa externa? En la antigua Mesopotamia, esta pregunta no se respondía con tratados filosóficos, sino con mitos. Antes de que los hombres supieran construir ciudades, establecer leyes o transmitir el conocimiento por escrito, los textos sumerios y acadios hablaban de unos seres extraordinarios que enseñaron a la humanidad los fundamentos de la vida civilizada.

Estos seres eran conocidos como los Apkallu (o Abgal en sumerio), los legendarios Siete Sabios. No eran dioses en el sentido estricto del panteón, pero tampoco simples mortales. Se los describe como figuras liminales e intermediarias, creadas por el dios Enki, cuya función era transmitir a los humanos las artes, las normas y el conocimiento necesarios para transformar el caos primordial en orden social.

Las tradiciones mesopotámicas sitúan su origen en el Apsu, el océano de aguas primordiales que existía bajo la tierra, un espacio asociado tanto a la creación como a la sabiduría profunda. Desde ese abismo simbólico, los Apkallu emergían para instruir a la humanidad y regresaban después a las profundidades, como si el conocimiento nunca pudiera permanecer del todo en el mundo humano.

Pero más allá del relato mítico, la figura de los Apkallu abre interrogantes más profundas. ¿Por qué las civilizaciones antiguas sentían la necesidad de atribuir su progreso a maestros no humanos? ¿Son los Apkallu el recuerdo deformado de una edad anterior, o representan algo más íntimo: la idea de que la sabiduría surge desde lo desconocido, desde aquello que permanece oculto bajo la superficie de la conciencia?¿Es la civilización un logro puramente humano o el resultado de una chispa externa? Para los antiguos habitantes de Mesopotamia, la respuesta era clara: antes de que los hombres supieran construir ciudades, labrar la tierra o escribir sus propias leyes, unos seres híbridos surgieron de las profundidades del océano para enseñarles los fundamentos de la existencia.

Origen e historia: los siete que vinieron del Apsu

Para comprender quiénes eran los Apkallu, es necesario detenerse primero en el Apsu (o Abzu). Era concebido como el océano primordial de aguas dulces que existía bajo la tierra, una fuente de vida anterior a la creación ordenada del mundo. No se trataba solo de un espacio físico, sino de un principio: el lugar donde el potencial aún no había tomado forma.

Este dominio estaba asociado al dios Enki (Ea en acadio), deidad de la sabiduría, la creación y el conocimiento técnico. A diferencia de otros dioses más distantes, Enki aparece en los mitos como una figura cercana al ser humano. Es en este contexto donde surgen los Apkallu, descritos como seres creados por Enki para actuar como intermediarios entre la mente divina y la naciente civilización humana.

Según las tradiciones sumerias y acadias, los Apkallu eran siete sabios antediluvianos encargados de llevar a la humanidad los fundamentos del orden. El más conocido de ellos fue Uanna, llamado Oannes por los autores griegos, a quien se describe como un ser que emergía del mar durante el día para enseñar a los hombres y regresaba a las profundidades al caer la noche.

El conocimiento, parece decir el mito, no se posee de manera permanente; debe ser recibido, comprendido y conservado, o corre el riesgo de volver a hundirse en lo desconocido.

Apkallu y Anunnaki: maestros, no soberanos

Dentro del imaginario mesopotámico, es común confundir a los Apkallu con los Anunnaki, pero sus funciones eran claramente distintas. Los Anunnaki representaban el consejo de los grandes dioses que decretaban el destino del mundo desde una esfera superior. Eran los arquitectos del orden cósmico, pero rara vez interactuaban de forma directa con los seres humanos.

Los Apkallu, en cambio, cumplían un papel más cercano y técnico. No gobernaban ni imponían destinos; enseñaban. Eran los ejecutores del conocimiento divino, los mediadores necesarios para traducir principios abstractos en prácticas comprensibles. Tal vez el mito nos recuerda que el poder absoluto resulta inaccesible para la experiencia humana, y que toda civilización necesita intermediarios capaces de transformar ideas trascendentes en estructuras vivibles.

En ese sentido, los Apkallu no representan autoridad, sino responsabilidad: el peso de transmitir un saber que puede construir, pero también desestabilizar, aquello que toca.

Tres formas de Apkallu representadas en el antiguo estilo de relieve mesopotámico: sabio-hombre-pez, figura con cabeza de águila alada y figura sacerdotal humana, asiria.

Iconografía: el lenguaje visual de los sabios

La figura de los Apkallu no se transmitió únicamente a través de textos. Su presencia fue profundamente visual. Relieves, sellos y esculturas del periodo asirio y neobabilónico muestran a estos seres desempeñando funciones rituales, protectoras y simbólicas. La forma de los Apkallu no era arbitraria; cada rasgo señalaba su naturaleza intermedia.

Las tres formas principales de los Apkallu

Las fuentes iconográficas permiten identificar tres representaciones recurrentes:

  • El hombre-pez (Uanna–Adapa): Un hombre cubierto por la piel de un gran pez. Encarna el conocimiento que emerge de lo profundo, de aquello que no es visible a simple vista.
  • El genio alado con cabeza de águila: Refuerzan la idea de mediación entre distintos planos. La sabiduría desciende desde lo alto, recordando que el orden también requiere distancia y observación.
  • La figura humana de carácter sacerdotal: Aproxima al sabio divino a la figura del sacerdote. Aquí, el mensaje es que el conocimiento puede integrarse en la sociedad y ser encarnado por el ser humano.
Aquí, el mensaje parece claro: el conocimiento puede integrarse en la sociedad y ser encarnado por el ser humano. La sabiduría deja de ser completamente ajena y comienza a institucionalizarse, transmitida a través de rituales, normas y prácticas culturales.

El misterio de los objetos: instrumentos de orden y purificación

En casi todos los relieves, los Apkallu sostienen dos objetos específicos mencionados en textos como las tablillas Bīt Mēseri. No son simples adornos, sino instrumentos cargados de significado ritual.

La Banduddû: el recipiente del orden

La Banduddû, comúnmente identificada como un cubo o recipiente, suele aparecer sostenida con la mano izquierda. Representa la capacidad de contener. El conocimiento, para ser útil, debe ser delimitado, estructurado y dosificado. El recipiente sugiere que la sabiduría necesita forma, límites y responsabilidad para no convertirse en caos.

Desde una perspectiva simbólica, la Banduddû representa la capacidad de contener. El conocimiento, para ser útil, debe ser delimitado, estructurado y dosificado. No todo saber puede derramarse sin consecuencias. El recipiente sugiere que la sabiduría necesita forma, límites y responsabilidad para no convertirse en caos.

El Mullilu: el gesto que transforma

En la mano derecha, los Apkallu suelen portar el Mullilu, un objeto con forma de cono utilizado para purificar o consagrar. Algunos autores han sugerido que su uso simbólico recuerda a la polinización, un acto que no crea vida por sí mismo, pero que la hace posible. Así, el Apkallu no impone el orden; lo estimula.

Más allá de su función ritual, el Mullilu puede interpretarse como el gesto activo del conocimiento: no basta con poseer sabiduría, es necesario aplicarla. Algunos autores han sugerido que su uso simbólico recuerda a la polinización, un acto que no crea vida por sí mismo, pero que la hace posible. Así, el Apkallu no impone el orden; lo estimula.

Relieve asirio de Apkallu con objetos rituales: Banduddû (cubo) y Mullilu (cono), bajorrelieve de piedra antiguo, tallado detallado, precisión arqueológica, contexto ritual simbólico.

De sabios a guardianes: cuando el conocimiento deja de hablar

En las primeras narraciones, los Apkallu aparecen como maestros visibles. Sin embargo, con el paso del tiempo, su función se transforma: ya no enseñan de forma directa; vigilan. Se les representa como figuras colocadas en los cimientos de templos, enterradas bajo los umbrales. Su conocimiento ya no circula: se sella.

Este cambio sugiere una transición simbólica poderosa: el saber que antes fundaba la civilización ahora se convierte en algo que debe resguardarse. Los Apkallu pasan de ser transmisores a ser límites. No abren puertas; las custodian. Y en ese silencio parecen advertir que no todo saber está destinado a expandirse indefinidamente.

La ruptura del vínculo: el Diluvio

Las tradiciones sitúan un punto de quiebre claro: el Diluvio. Antes de este evento, el conocimiento divino podía circular entre dioses y humanos sin provocar un colapso. Después del Diluvio, los siete Apkallu primordiales regresan al Apsu. A partir de entonces, el conocimiento ya no es entregado por seres semidivinos, sino administrado e interpretado por figuras humanas: reyes y sacerdotes.

La humanidad no fue privada del conocimiento por castigo, sino por desfase. El mundo posterior al Diluvio ya no puede sostener la presencia de seres que encarnan un saber total. El ser humano vive ahora entre restos, símbolos y fragmentos, intentando reconstruirlos sin la guía de quienes lo conocían plenamente.

Paralelismos con otros mitos fundacionales

Esta separación responde a un patrón universal: el conocimiento no se pierde por ignorancia, sino por ruptura. Algo ocurre —un castigo, una transgresión— y la relación directa con lo sagrado se quiebra.

  • El Edén: Tras comer del fruto, el acceso al origen se cierra. El problema no es el conocimiento, sino la nueva condición del mundo.
  • Babel: La respuesta a la ambición técnica es la fragmentación del saber en lenguas y muros.
  • Prometeo: El fuego entrega tecnología, pero el vínculo entre dioses y hombres se vuelve tenso y peligroso. El conocimiento tiene un costo.

Tras la ruptura, el ser humano ya no aprende; reconstruye. Aprender implica recibir algo completo. Reconstruir implica aceptar que siempre faltará una parte.

Guardianes silenciosos: la función apotropaica

Tras su retirada, los Apkallu adquieren una función apotropaica: alejar el caos y la enfermedad. Ya no habitan el centro del mundo humano, sino sus márgenes. Custodian transiciones. Su sabiduría deja de ser dinámica y se vuelve estructural. No instruyen, sostienen. Representan un saber que ya no puede ser enseñado directamente, solo preservado.

Tal vez esa sea su función última: recordar que el conocimiento que sostiene una civilización no siempre es el que se comprende, sino el que permanece oculto en sus cimientos.

Composición simbólica antigua que representa tradiciones de sabiduría universal, columnas de piedra desgastada, patrones geométricos inspirados en civilizaciones antiguas,

Preguntas Frecuentes sobre los Apkallu

1. ¿Existieron realmente los Siete Sabios?

Históricamente, no hay evidencia de su existencia física. Los Apkallu pertenecen al plano mitológico y simbólico de Mesopotamia. Sin embargo, en las Listas Reales Sumerias, se asocia a cada uno de los primeros reyes antediluvianos con un sabio específico, lo que sugiere que para los antiguos, estos seres eran el fundamento real de sus instituciones políticas y sociales.

2. ¿Qué relación tienen con los Anunnaki?

Aunque ambos son seres divinos, tienen funciones distintas. Los Anunnaki son el consejo de dioses mayores que decretan el destino. Los Apkallu son los ejecutores y maestros creados por Enki para servir de puente entre esos dioses y la humanidad. Mientras los Anunnaki gobiernan, los Apkallu enseñan.

3. ¿Por qué se les representa con cabeza de pez o de águila?

Estas formas híbridas subrayan su naturaleza liminal. El pez representa el Apsu (el océano primordial de sabiduría profunda), mientras que el águila simboliza la visión elevada y la protección celestial. Son metáforas visuales de un conocimiento que no es puramente humano.

4. ¿Cuál es el significado del cono y el cubo que sostienen?

El cubo (Banduddû) contenía sustancias sagradas para la purificación, simbolizando el conocimiento estructurado. El cono (Mullilu) se utilizaba para asperjar o bendecir, representando la aplicación activa de ese conocimiento. Juntos simbolizan que la sabiduría debe ser tanto preservada como utilizada.

5. ¿Qué pasó con ellos tras el Diluvio?

Según el mito, los Apkallu originales regresaron a las profundidades del Apsu. A partir de ese momento, la humanidad quedó a cargo de su propio destino, y el papel de los sabios pasó de ser instructores activos a ser guardianes protectores (figuras apotropaicas) que vigilan desde los cimientos y los umbrales.

Epílogo: Sigue cuestionando lo que sostiene al mundo

Los Apkallu no nos dejaron mandamientos escritos, pero su legado vive en la idea de que toda civilización se levanta sobre fundamentos que rara vez se cuestionan. Hoy, cuando el progreso se mide en datos y velocidad, el mito de los Apkallu nos recuerda que no toda sabiduría es visible. Algunas verdades no se exhiben; sostienen.

Quizá los sabios no desaparecieron. Quizá seguimos caminando sobre sus huellas, incrustadas en las estructuras que damos por sentadas. Porque al final, toda civilización se define menos por lo que sabe, y más por lo que decide no olvidar.


Fuentes Recomendadas

Para la redacción de este análisis se han consultado fuentes académicas y arqueológicas fundamentales que permiten comprender el papel de los sabios en el mundo antiguo:

  • Black, J., & Green, A. (1992). Gods, Demons and Symbols of Ancient Mesopotamia: An Illustrated Dictionary. British Museum Press. (La guía definitiva para iconografía mesopotámica).
  • Wiggermann, F. A. M. (1992). Mesopotamian Protective Spirits: The Ritual Texts. Styx & PP Publications. (Obra clave para entender la función apotropaica de los Apkallu).
  • Dalley, S. (1989). Myths from Mesopotamia: Creation, the Flood, Gilgamesh, and Others. Oxford University Press. (Traducciones directas de los mitos de los sabios).
  • Greenfield, J. C. (1999). Apkallu. En: Dictionary of Deities and Demons in the Bible. Brill. (Excelente para los paralelismos culturales).

Sigue profundizando en los orígenes

El misterio de los Apkallu es solo una pieza del vasto rompecabezas que es la antigua Mesopotamia.

Si deseas seguir explorando el misterio de nuestros orígenes, te invitamos a viajar por otras civilizaciones que marcaron la historia:

  • 🌄 Descubre La Grandeza de la Cultura Inca, donde los dioses se unían con las montañas y el tiempo parecía un círculo eterno.
  • 🌿 Sumérgete en Las Culturas Mesoamericanas, un mosaico de sabiduría ancestral que desafía el paso del tiempo.
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La historia no siempre se escribe con tinta; a veces se esculpe en el alma de los pueblos. Sigue cuestionando.



Cita en formato APA:
(2025, diciembre 24). los Apkallu: el misterio de los siete sabios de mesopotamia. Interrogantes Infinitos. https://www.interrogantesinfinitos.com/2025/12/apkallu-siete-sabios.html

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Maribel Castañeda
Publicado por Maribel Castañeda

© 2025 - Licenciada en Historia del Arte y Filosofía. Escritora y Editora en Interrogantes Infinitos, donde busco desentrañar los significados ocultos detrás de lo evidente